Recuerdo la primera vez que escuche aquello de “el EA nos va a matar”. Lo dijo Jesús, el hermano de mi amigo Javi. Para mi fue una revelación en toda regla. En Cuenca decimos EA para todo. Es una suerte de expresión que nos libera de toda responsabilidad sobre lo que ocurre a nuestro alrededor. Una fórmula conformista concebida durante años y años de penurias de todo tipo que nos permite sobrevivir como si lo que pasa a nuestro alrededor fuera algo inexorable que no podemos cambiar y con lo que tenemos que vivir.

  • Oye que la calle está sucia… EA
  • Que no vamos a poder irnos de vacaciones.. EA
  • Que el coronavirus (que ahora está tan de moda) va a acabar con todos nosotros… EA

Yo tenía 10 años cuando oí a Jesús decir que el EA nos iba a matar. En los años sucesivos escucharía cientos de propuestas sobre la necesidad de salvar Cuenca. ¿Salvar Cuenca de qué? Llevamos en crisis desde que Felipe III prohibiera exportar paños al extranjero y de eso hace ya casi 400 años. Cuenca ha sobrevivido y lo seguirá haciendo. Puede que los conquenses tengamos una irremediable tendencia al conformismo sobre aquello que no podemos controlar. Puede que siglos de historia aguantando hambrunas, miseria y penurias nos hayan dejado un poso de inmovilismo difícil de cambiar, pero también tenemos una capacidad para tirar adelante digna de elogio. Cuando empezamos a construir nuestra ciudad, hace ya más de 12 siglos, nos enfrentamos cara a cara contra la gravedad en un tiempo donde la tecnología era rudimentaria. Y ganamos. Vinieron pestes, vinieron hambrunas, incendios y catástrofes. Y ganamos. Vino después la inquisición e impuso un régimen del terror difícil de olvidar. Y ganamos. Vino una mini glaciación que duró más de tres siglos y nos pilló entre montañas, sin posibilidad de guarecernos, y ¿sabéis qué? acabamos excavando la roca para huir del frío. Ganamos nuevamente. ¿Por qué? Porque somos un pueblo luchador, porque el EA no significa “no puedo hacer nada” el EA significa “pase lo que pase vamos a ganar”.

Con 18 años tuve que irme a Madrid a estudiar como tantos otros. En aquellos tiempos las posibilidades de estudiar en Cuenca se reducían a tres opciones contadas. Yo decidí hacer geología porque estaba enamorado de las hoces que bordean nuestra ciudad. Enamorado del Karst que juega caprichósamente con el agua en cada rincón de la provincia; del parque natural Serranía de Cuenca, de las hoces del Cabriel, de todos los tesoros que tenemos en Cuenca. Ya por aquel entonces cuando llegaba el fin de semana en Madrid y mis compañeros de clase se iban a la pedriza a caminar me costaba entender porque no ponían rumbo a Cuenca. Yo pensaba “esta gente fliparía si viniera a ver lo que nosotros tenemos” Convencí a muchos de ellos a venir a Cuenca y fliparon. ¡Vaya que si fliparon!

El destino me fue llevando a diversos lugares, siempre con una parte de mi corazón rota por no poder estar en mi ciudad. Pasé primero por varias provincias de España; Madrid, Salamanca, Valladolid, Zaragoza… y después viajé al extranjero; primero a Portugal, luego África, Latinoamérica, etc… Y conocí cientos de destinos turísticos “paradisiacos”, cientos de ofertas en todo el mundo con gente que sentía un orgullo reverencial por su tierra. Igual que yo. Igual que todos mis paisanos. Y no encontré en el mundo nada que superara lo que tenemos entre manos; encontré yacimientos de fósiles algo parecidos a los que hay en Cuenca, sí, ciudades de cuento que podían competir con la nuestra en belleza, es cierto, lugares donde podías vivir aventuras al aire libre increíbles, de acuerdo, pero nunca encontré nada en lo que se pudiera hacer todo a la vez. Nunca.

Así que decidí que volvería a mi tierra. No a salvarla de nada sino a ser salvado por ella. Me di cuenta de aquello que dicen sobre que “los arboles no nos dejan ver el bosque”. Me di cuenta que mucha gente lucha por salvar Cuenca cuando en realidad esta tierra tiene todo el potencial para salvarnos a nosotros. Que el EA nos es una formula para claudicar, sino un desafío a lo que pueda venir. Que tengo la suerte de vivir en un cuento de hadas y que tu, que lees esto, quizás aun no lo sepas, pero que si lo supieras pondrías ya mismo Rumbo a Cuenca.